Jaume: ¿Cómo trabajásteis los pasajes más realistas del film? Las comidas, los diálogos… ¿Viene más del guion, de ensayos, del set…?
Belén Funes: Hay algo muy importante, que son las semanas que nos sentamos a ensayar con los actores. Es una película que tiene muchos ensayos, entonces ellos decían las frases del guion pero las habían hecho suyas, las habían recubierto con su propia voz. Era muy fácil rodar esas secuencias, en el fondo. También la película tiene toda una reconstrucción de sonido en el fuera de campo bastante potente. De hecho, en el guion, hay secuencias donde escribimos lo que nos gustaría que ocurriera pero no hay diálogo, y luego cuando estamos ensayando con los actores, entonces los diálogos ya surgen de una manera más natural.
Básicamente nuestra gran obsesión es darle al actor la gramática que necesita para decir el texto. Si yo le escribo a alguien que no es actor unas frases, eso no va a salir nunca. Entonces, es intentar hacer un proceso a la inversa, no que el actor coja un actor coja unas frases y las haga suyas, sino yo descubrir qué frases podría decir aquel actor que sonaran de forma orgánica.
Elvira Lara: Fue un proceso orgánico. Empezamos con muchos ensayos, creamos un espacio seguro para los que nunca habíamos hecho un proyecto así… Y partiendo de recuerdos, iban saliendo las frases y al final se parecían mucho a lo que había en el guion.
Belén Funes: Sí, nos hicimos un mapa con recuerdos familiares con cosas que habían pasado, que nunca han pasado (en pantalla), y eso nos sirvió un montón, porque cada vez que estábamos perdidos y que no sabíamos qué era esta familia, era muy fácil recurrir a estos recuerdos ficticios y que de ahí saliera una broma o un comentario que nos hiciera retomar el hilo de la familia. Construir la familia creo que ha sido el desafío más grande que he hecho como cineasta hasta ahora.
Marçal Cebrián: Hace poco revisé el guion, y realmente es sorprendente lo que se parece (a la versión final). Y eso tiene un poco de truco, porque yo siempre que podía iba a los ensayos y los veía, sobre todo los que eran en Barcelona, que eran con el personaje de Elvira, Mabel, con sus amigas, con su madre, con sus compañeras de la universidad… luego podíamos incorporarlo de alguna forma para que el guion tuviera esa naturalidad que aportaban, pero es sorprendente lo que se parece. De hecho me doy cuenta de que sólo había una escena que se quedó en apuntar por donde pensábamos que podían ir los diálogos, y es una secuencia que al final no está montada.
Jaume: Antes he ido a la charla de Joachim Trier, y hablando de su última película (Sentimental Value), que tiene un mensaje muy luminoso, pensaba que igual en los tiempos oscuros en los que vivimos, es importante lanzar un mensaje luminoso en el arte que hacemos. ¿Cómo véis esto?
Belén Funes: Yo creo que el cine tiene que ser muy luminoso, o al menos el cine que a mí me gusta es luminoso, pero no es obligatoriamente un cine con final feliz. Yo entiendo que la luz puede estar en otros sitios: en alguien sonriendo, en alguien que da un paseo… Acabar con un personaje que da un paseo y hace una foto a una flor ya me parecería luminoso. Entonces, no sé si tendríamos que centrarnos en lo bonito, pero el cine debería tener una parte de luz, no todo puede ser sombras. Pero tampoco puede ser todo luz.
Marçal Cebrián: Ahí está la dificultad de intentar hacer algo muy realista que denuncie una cierta problemática que te puedes encontrar actualmente, y todo (no resulte) deprimente. Yo sí tenía la sensación de que esta película era un poco más luminosa a otras cosas que habíamos hecho, sobre todo por el personaje de Elvira, que siempre está intentando aportar luz. Y quizás por este final, que entre su visión (de Mabel) del mundo y la de Delia, Antonia Zegers, creo que se impone un poco más la suya, porque al final ella es la que da un paso adelante y saca a su madre de esa oscuridad.